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  Sabado 15 de Agosto de 2020

¿Puede el Alma Enfermar al Cuerpo?
Bases Antropológicas de la Medicina Homeopática
Prologo:
Dentro, del aspecto ¨ teórico-doctrinario, especialmente referido a la causa “eficiente de la enfermedad, remota y próxima”, esta obra despierta una clara polémica, pues establece una ruptura con gran parte de la tradición homeopática, que limita ese principio a una visión antropológica reducida, como la que sustenta el “vitalismo” o el “neovitalismo”.
Todo ello, sin apartarnos un ápice, de un detallado y prolijo análisis, proporcionado por los elementos conceptuales que integran toda una dimensión antropológica-filosófica. En efecto, se ha recurrido a las fuentes y ahondado en las profundidades de la persona humana, con la finalidad de dilucidar la esencia del conflicto metafísico, que acompaña al hombre a través de su existencia. Por ello, la primera parte del texto, consiste en proporcionar al lector los postulados que enmarcan una clara referencia teórica, de suma utilidad no solo de valor ilustrativo sino para comprender la inserción de la enfermedad, en lo más profundo del hombre.
Una vez que se ha intentado descubrir al hombre, en la segunda parte de la obra, se trata de explicar y comprender la irrupción de la enfermedad, como parte de su conflicto metafísico, desmenuzando la causalidad filosófica que la garantiza, procurando encontrar no solo el basamento que la sustenta, sino otorgando una mayor coherencia y valor practico a la Doctrina Homeopática, aportando en todo momento su justificación epistemológica, con la finalidad de una “ciencia” al cumplir con los requisitos de ser universal, necesaria y veraz.
Damos a la enfermedad una connotación eminentemente “moral”, en efecto, es tan antigua como el hombre y sobrevino porque este, se apartó de la Ley, rebelándose a los designios del supremo Creador. Logra la frustración moral por perdida de la justicia original y adquiere la debilidad de una naturaleza caída, que lo conduce a ser reincidente en la falta o trasgresión. De allí, que la macula de esa falta esta en la conciencia moral de cada hombre, fuente de la enfermedad. Cetro, con capacidad de desordenar el principio vital que anima al cuerpo. Alma y cuerpo, no están unidas accidentalmente, sino que constituyen una unidad sustancial. Por consecuencia, ese desorden en el cuerpo determina la “susceptibilidad mórbida”, es decir, la predisposición a la acción de los agentes morbíficos o noxas externas. Se describen detalladamente cada una de esas etapas, que conducen a que la enfermedad se manifieste como una entidad “anatomo-clínica.”
Nada en ella, tiene una justificación azarosa o fortuita, en todo momento se recurre a un análisis racional y reflexivo, resumido a lo esencial. Esa epistemología, esta fundamentada en la antropología filosófica, no solo para otorgarle mayor credibilidad, sino para provocar un mayor acercamiento de las otras especialidades medicas, que guardan vigencia en la actualidad, facilitando una apertura interdisciplinaria.
A tal fin, insistimos estar en total desacuerdo en establecer antagonismos y antinomias entre la medicina alopática y la medicina homeopática. Allí, es donde aplicamos el principio de totalidad y complementariedad, pues ambas, comparten las mismas fuentes antropológica. Comprobamos que cada una de ellas, se sintetiza dentro del mismo marco y utiliza similar estructura de pensamiento, haciendo factible que ambas posiciones se complementen.
Agregamos, que debemos estar a salvo del peligro que representa caer en los extremismos, provocado por adoptar posiciones sectarias y excluyentes. Del lado de la alopatía se incurriría en el “cientificismo positivista” y “mecanicista”, por lado de la homeopatía se enclaustraría en un profundo “oscurantismo”, y consecuentemente cada una de ellas se consumiría en un compartimiento estanco.
Igualmente, proponemos que debe desterrarse definitivamente la nominación de medicinas alternativas, que supone la opción entre dos métodos y remarcar que no se trata de optar sino de adoptar lo mejor, para el mayor beneficio.
La tercera parte, consiste en aplicar la concepción teórica-doctrinaria, al hecho practico, es decir, a la utilidad experimental del homeópata frente al paciente. Comienza con un grafico que sirve de guía y orientación al acto medico, que esta constituido por un “diagrama orientativo”, esquema de suma importancia para ser utilizado por el medico y poder interpretar el drama existencial de su paciente.
Aquí, no se omite la dimensione tica que alcanza ese acto medico, donde se jerarquiza la relación medico paciente, no solo encuadrándolo dentro de la normativa categórica, sino que se realzan las relaciones de comunicabilidad e intersubjetividad, que consecuentemente redundaran en un beneficio para el paciente.
En cuanto a su aplicación práctica, la medicina homeopática, de ciencia pasa a ser un verdadero “arte”. Este arte se ejerce a partir de conocer las esencias que configuran el entendimiento practico en el “obrar”, que tiene como objeto el fin ultimo del hombre, mediado por la virtud de la prudencia, alcanzando una dimensión moral; y las esencias en el entendimiento practico con respecto al “hacer”, mediado por la virtud del arte, que en el caso de la medicina consiste en aplicar lo universal, necesario y verdadero en un caso particular y concreto, adecuándolo a las circunstancias, que lo singulariza aun mas. Ciencia, prudencia y arte constituyen una concepción completa y acabada de una medicina humanizada.
A partir de una idea de “pertenencia”, que desde lo más insondable, guía y orienta la vida del hombre, aprovechamos esa concepción para propiciar un reordenamiento del Repertorio Homeopático, a fin de que le medico practico pueda reorganizar su contenido.
Debemos enfatizar que para el medico homeópata la consulta debe concluir con la prescripción del medicamento homeopático adecuado, conociendo su maravillosa capacidad para restaurar el orden y la armonía en el paciente. El medico debe continuar con el proceso de sanción, asumiendo la conducción de las etapas, que integran 10 que hemos llamado: “el camino de la curación.”
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Autores: Dr. Carlos Vila y Dr. Eneas A. Riu

 
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